Envío GRATIS a partir de 20€ Envío GRATIS a partir de 20€

Blog

Una historia de color de rosa

Una historia de color de rosa

La historia del rosé es como uno de esos cuentos en los que el bueno acaba triunfando. Y es que, a pesar de que hoy su color tiña los perfiles de Instagram, hubo un momento en el que los sommeliers se atrevían a dejarle fuera de sus cartas. ¿Qué tiene el rosé que no deja indiferente?

Si echamos la vista atrás, podemos vernos sentados en un restaurante finolis, copa en mano. Corren los años 90 y el mundo del vino está en su máximo apogeo. No existen las redes sociales (¿qué hacíamos entonces con tanto tiempo libre?) y buscamos la información en los periódicos. Estos siempre reservan un hueco para la crítica enológica, que ya se sabe que da prestigio. Nadie sabe a ciencia cierta qué es la lágrima o por qué las barricas son importantes pero todo el mundo se hace un poco el entendido... Si recuerdas esta imagen también sentirás que a tu alrededor se agolpaban las botellas de vino tinto que traían tus amigos a las cenas. Algún blanco, “por si cenábamos pescado”, decían y poco más. ¿Dónde se escondía el rosado?

Definitivamente era un mero segundón. Lo pedían los que no bebía. Los que querían brindar y “mojarse los labios”.  El rosé estaba relegado, en el banquillo, esperando su estreno. Hasta que un día, un buen ojeador, descubrió lo que se escondía en esos armarios. Un brebaje pálido, en ocasiones chisposo y siempre elegante, salía de nuevo a la luz en el año 2000. Como por arte de magia, los centros vacacionales americanos comenzaron a incluirlo en su menú y … su sabor hizo el resto.

 

En cuestión de unos años, el rosé se hizo mainstream, como dicen los americanos. Popular, que diríamos en casa. Como si del lanzamiento de una estrella hollywoodiense se tratara, lo vimos subido a un yate en Cannes, nombrado el “Gatorade de los Hamptons”, servido en cenas reales y brindado en piscinas infinitas. El rosé ha vuelto al lugar que le corresponde pero… a lo grande. Como lo hace quien ha estado durante años escondido del mundo. Con prestigio, con glamour, con ese toque elegante que solo puede ofrecer su tonalidad rosada.

Francia supo reconocer el potencial del rosé durante los primeros años del 2000. Fueron años intensos, en los que produjeron más botellas y animaron a los sommeliers de todo el mundo a que incluyeran el rosé en sus cartas. Pronto, la revolución rosada alcanzó también España, haciendo que marcas tradicionales como Ramón Bilbao o Marqués de Cáceres comenzaran a producir sus propios rosados, consiguiendo ser el mayor exportador del mundo.

Y de repente, en aquel restaurante fino al que íbamos en los años 90, hoy tienen una hermosa carta de vinos rosado. 2019 parece ser su año, y no porque el señor Pantone se empeñe en colárnoslo, sino porque el rosé lleva ya un par de temporadas siendo la bebida de moda en Ibiza y trasladándose a las mesas interiores cuando el frío aprieta. Y ya se sabe que, lo que está de moda en la isla, va a misa.

Es en este momento, cuando el rosé ya se bebe como se merece, llega Born Rosé, el rosé de Barcelona. Porque si hablamos de rosé no podemos dejar de imaginarnos la playa, las terrazas, la alegría de la ciudad. ¿Quién dijo que era solo para mojarse los labios? Welcome to the Rosé Revolution!